Arquitectura y Artesanías

Son muy comunes las casas de quincha de estilo colonial. Estos caseríos contiguos que son ejemplos de la convivencia vecinal son muy típicos de las comunidades de Parita en Herrera, La Villa y La Palma en Los Santos. Estas casas son de portales altos como las que se encuentran en Parita. El estilo de los portales corridos y los juegos de los techos en cascada, son típicas del pueblo de La Palma.

Estas casas se destacan porque sus proporciones verticales son elevadas para permitir la entrada y circulación del aire. Hay que destacar las ventanas amplias de portones que abren y cierran, y las tejas coloniales que dan a la casa un ambiente fresco y acogedor.

También hay que destacar las llamadas “Celosias” que son pieza de maderas talladas a mano que se colocan en las ventanas de la casa. De igual forma los “Tragaluces” en las puertas para dar claridad a la parte interior.  Las puertas de dos piezas y la combinación de bisagras y cortes que permiten tenerlas cerradas pero con circulación de aire. Algunas de estas casas todavía conservan los pisos con baldosas de arcillas y aquellos de cementos con los detalles de las “maquillas” que dan el efecto de mosaico.

En Tonosí las casas de maderas todavía se pueden ver, pintadas con colores vívidos y con ornamentaciones en sus puertas y ventanas.

Entre las artesanías típicas de la región tenemos las hechas de barro o arcillas. Entre estas las tinajas, jarrones y las pintorescas cerámicas de la Arena de Chitré.  Todas estas piezas llevan un procedimiento riguroso para su elaboración. Desde su forma, la introducción de estas piezas al horno de arcillas para hacerlas más rígidas, y los retoques finales de pintura y barniz.

Las tradicionales tulas que se elaboran a base del fruto de la planta rastrera de la calabaza, es todavía muy utilizada como recipiente para portar agua fresca y refrescar a los campesinos en las faenas del campo.

También están las totumas hechas del fruto del árbol de calabazo que hacen juego con un estante llamado “Parador”, hecho de madera tallada, que porta en el centro la tinaja hecha de arcilla y llena de agua fresca y saludable.

El Sombrero pintado o pintao es una de las prendas de vestir más usadas por el hombre y la mujer azuerense, y se utiliza generalmente para las fiestas. Las fibras se obtienen de la palma de cogollo, la pita o junco, que luego son sometidos a una serie de procesos que les dan el color blanco. Las fibras que no llegan a su blancura total, son teñidas con un tinte negro obtenido de un arbusto llamado Chisná. El primer paso en fabricar un sombrero de estas fibras involucra destrezas de tejidos finos o trenzas llamadas crizneja. El sombrero se confecciona cociendo estas criznejas con un hilo de pita en torno a un molde u horna de la cabeza del individuo hecho de Cedro Espino, Espavé o Corotú. La calidad del sombrero dependerá del número de vueltas que se den, así hay sombreros sencillos de 15 vueltas o menos y sombreros finísimos de 16 hasta 24 vueltas que pueden llegar a costar hasta 500 dólares.

El sombrero de trabajo es de fibras más rústicas y menos blancas, junco, y no involucra la cinta negra intercalada del sombrero pintao.

La máscara de diablícos es una de las artesanías más vistosas que se fabrican en torno a un molde de lodo, preferiblemente, de tierra roja de arriera. El molde es una figura representativa de gárgolas, especies de la fauna panameña, figuras de ficción, etc. La elaboración empieza con trozos de papel periódico que son colocados alrededor del molde y adosados con un engrudo casero (de harina o yuca), y luego una capa superficial de papel grueso (manila o de saco de cemento). Estas máscaras son pintadas con colores primarios que las hacen muy llamativas.

 

Autor: Irving Vergara