Estrategias del uso de la tierra para la intensificación sostenible del sector ganadero independiente

Por Michael Salama

En los próximos años, la demanda mundial de alimentos seguirá aumentando. Esto se viene a pesar de la caída de las tasas de fertilidad en todo el mundo, debido al impulso demográfico y al crecimiento de la población urbana en los países en desarrollo. Durante las próximas tres décadas, se prevé que la demanda de productos pecuarios (carne y leche) se duplique. Para mantenerse al día con las crecientes demandas dietéticas, parece inminente una expansión en la producción de ganado. Sin embargo, al mismo tiempo existe un consenso unánime de que la industria ganadera es uno de los principales contribuyentes al cambio climático, y el rápido crecimiento de la demanda de productos pecuarios solo hará que su impacto sea más significativo y destructivo.

Estrategias del uso de la tierra
Ganados pastando en tierra deforestada

La producción de ganado y otros productos pecuarios contribuye a hasta el 18 por ciento de las emisiones globales de gases de efecto invernadero (GEI); los productos de solamente la vaca son responsables de la mitad de eso. En su forma actual, la producción de productos ganaderos representa casi un tercio del uso de tierras agrícolas por área en el mundo y es un gran impulsor de la conversión de paisajes tropicales nativos en tierras de pastoreo, especialmente en América Latina. Más de la mitad de las tierras deforestadas entre 2005 y 2010 se convirtieron en pastos para el ganado. Por esa razón, necesitamos examinar cómo los ganaderos individuales y las campañas nacionales pueden practicar lo que se llama «intensificación sostenible», o un cambio en las prácticas pastorales con el objetivo de mejorar la eficiencia y reducir las emisiones de las GEI, facilitar mejor los medioambientes locales, evitar amenazas al hábitat de la vida silvestre y preservar la biodiversidad ecológica, mientras que sigue ampliando la productividad para satisfacer las crecientes demandas de alimentos en todo el mundo.

En la comunidad de conservación, hay una gran cantidad de debate sobre cuáles maneras de gestión del suelo pueden ser implementados para que la producción agrícola pueda ser menos costosa para la biodiversidad local sin dejar de satisfacer la demanda de alimentos. Hay aquellos que dicen que es la mejor que las granjas sean más amigables como posible para la vida silvestre, con menor intensidad de producción por unidad de superficie y por consecuencia menor rendimiento, pero hay otros tantos a favor de aumentar el rendimiento de las tierras de cultivo con el fin de limitar la cantidad de la tierra necesaria para satisfacer la demanda de producción y, por lo tanto, preservar áreas no cultivadas más grandes de hábitat para la fauna. Este debate se ha denominado “el uso compartido de las tierras versus el ahorro de las tierras” 1 (las primeras son las granjas más grandes de bajo rendimiento que “comparten” los campos con la fauna y las segundas son las granjas más pequeñas y de alto rendimiento que “preservan” el hábitat de la vida silvestre por no cultivarlo). El tema tiene aplicaciones en la agricultura de cultivos, silvicultura, pesca y acuicultura, la planificación urbana y la cría de ganado, y ha sido ampliamente estudiada en la comunidad científica. Entre si se utiliza una de las dos opciones o un enfoque integrado, cada región debe evaluar sus propias necesidades y desarrollar una estrategia de gestión de la tierra en consecuencia que sea mejor para satisfacer las demandas de producción de alimentos tanto como para preservar el hábitat para la biodiversidad.

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Representación gráfica de asignación de tierra, compartido y ahorrado. Fuente: Fischer et al.

Observando específicamente las implicaciones del compartir o del ahorrar de tierras en la ganadería, podemos ver mejor cómo estas estrategias de gestión de la tierra se pueden aplicar a regiones como la Península de Azuero en Panamá. Recientemente, los países de América Latina tropical han investigado estrategias para incorporar mejor la intensificación sostenible en la planificación nacional de la producción ganadera. La asociación de ganadería de Colombia ha manifestado su deseo de duplicar los rebaños de ganado del país y, al mismo tiempo, reducir los pastizales en 10 millones de hectáreas y limitar las emisiones de GEI en un 20 por ciento; Brasil, entre 2004 y 2014, impulsó con éxito la conservación de los bosques junto con las granjas ganaderas de alto rendimiento, lo que aumentó la productividad del ganado y redujo la deforestación anual en un 75 por ciento durante ese período. Para mitigar los impactos de una de las industrias más decisivas del mundo, tenemos que comprender los modelos de gestión de la tierra más sostenibles disponibles.

  1. “el uso compartido de las tierras versus el ahorro de las tierras”: En inglés, estas prácticas se llaman “land sharing” y “land sparing”

Ahorro de tierras

El concepto de preservación o ahorro de la tierra ha sido ampliamente defendido, ya que se ha visto reforzado en gran medida por la hipótesis de Borlaug y la Revolución Verde. La hipótesis de Borlaug sugiere que al aumentar la productividad agrícola por causa de desarrollos en la tecnología, podemos satisfacer la creciente demanda de alimentos sin la expansión de las tierras de cultivo y sin mayor deforestación de los paisajes nativos. En otras palabras, el simple hecho de aumentar la cantidad de alimentos producidos por unidad de tierra alivia la necesidad de utilizar más tierra para producir más alimentos. A través de esta idea, el enfoque de conservación de tierras ha persistido, y Ewers et al. afirman (2009) que la preservación pasiva de tierras sí se produce sin intervención. Especialmente cuando se trata de productos inelásticos a la demanda (cuando la demanda no cambiará tanto con un cambio en el precio de un producto), como los productos básicos, la evidencia histórica y estadística ha apuntado a una preservación natural de las tierras nativas impulsada por el mercado y con una mayor productividad agrícola.

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Sin embargo, con respecto a la producción ganadera en el trópico, como en Azuero, Panamá, las fuerzas económicas corren el riesgo de modificar y aún revertir ese resultado deseado de la preservación de la tierra. A medida que la ganadería se vuelve más productiva, también se vuelve más rentable y los precios de mercado de los productos pecuarios pueden disminuir. Lerner et al. (2017) argumentan que, debido a que los productos pecuarios no tienen una demanda inelástica de precios, esto hace que la demanda y, a su vez la producción, aumenten aún más. Esto, sin intervención, resulta de la expansión de los pastizales y un aumento en la tala de bosques, ilustrando el obstáculo central de la intención del ahorro pasivo de tierra: mediante el aumento de productividad, simplemente estamos creando la oportunidad para preservar la tierra natural, pero no necesariamente el incentivo económico. Como resultado, se requiere algún tipo de aplicación o incentivo para reservar tierras para la naturaleza, particularmente con la producción ganadera, a fin de garantizar que las tierras de cultivo de alto rendimiento se traduzcan en una preservación de la tierra.

Uso compartido de tierras

Este método agrícola multifuncional implica prácticas de cultivo de bajo rendimiento para fomentar e integrar los servicios ecosistémicos dentro de estos paisajes agrícolas.

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Debido a que el compartir de la tierra es inherentemente menos productivo por unidad de área que el ahorro de la tierra, con el uso compartido hay que cultivar áreas más grandes de tierra para lograr resultados de producción iguales. Por esta razón, es muy importante tener en cuenta la individua matriz agroecológica en la planificación de las técnicas del compartir de tierras – defensores también dicen que la agricultura amigable con la vida silvestre se practica mejor en regiones dominadas pequeños agricultores, que son comunes en los trópicos. Con la gestión comunitaria de los recursos, una menor presencia de mega-agroindustrias y más posibilidades de variación en el paisaje y en la intensidad de la producción, el uso compartido de la tierra en las granjas ganaderas tropicales con una matriz estratégica puede fomentar biodiversidad, conservación del hábitat y servicios ecosistémicos. La presencia de servicios ecosistémicos en tierras cultivadas o de pastoreo puede en sí misma ayudar a aumentar la productividad; en los sistemas silvopastoriles, por ejemplo, la presencia de árboles en los pastos se asocia con un mayor valor nutricional de los forrajes, lo que resulta en un ganado más saludable durante las estaciones secas.

Enfoques integrados (algunos compartidos, otros ahorrados)

Las estrategias deben depender de los contextos nacionales y regionales para equilibrar mejor la producción de alimentos con los servicios ecosistémicos y la preservación del hábitat. Con base en estos contextos variados, es probable que alguna combinación entre el compartir de tierras y preservación de tierras resulte más eficaz. El silvopastoreo es, por definición, una integración de las dos prácticas, porque supone promover los servicios ecosistémicos dentro de la pastura y, en consecuencia, intensificar la productividad de dichas pasturas. En Colombia, estudios de prueba de estrategias exitosas de silvopastoreo han demostrado aumentos en la producción de carne y leche de un 300 a un 700 por ciento. En las granjas ganaderas independientes, el uso de otras técnicas de uso compartido de la tierra también ha demostrado tener beneficios en la conservación de la tierra: los bancos forrajeros y las cercas vivas son menos costosos que las contrapartes intensivas y, por lo tanto, tienen el potencial de aumentar la capacidad de carga de un rancho en un 250 por ciento.

Otra forma de conciliar el debate sobre el compartir y el ahorrar de tierras es encontrar formas de aumentar la productividad a través de la utilización de prácticas agrícolas de precisión que son capaces de subir la eficiencia mientras reducir la producción de carbono, la contaminación o la necesidad de más conversión de la tierra; esto se llama intensificación sostenible. Una forma de lograrlo en el sector ganadero independiente es mejorar los forrajes; varios forrajes de gramíneas y leguminosas resultan más nutritivos que cereales, y estas mejoras en la dieta aumentan la productividad y reducen las emisiones de GEI. (Esto es especialmente importante en los trópicos, donde las estaciones secas y húmedas extremas, junto con la baja fertilidad del suelo y la susceptibilidad a las plagas, hacen que las condiciones sean difíciles y precarias.)

También hay, por supuesto, diversos grados en la implementación del compartir y/o del ahorro de la tierra en función de la intensidad de la agricultura y la división en el uso de la tierra, y aquí es donde entra en juego la matriz agroecológica. Balmford et al. preparan nueve escenarios matriciales, que van desde objetivos de baja producción hasta objetivos de alta producción, con diferentes intensidades teóricas de agricultura distribuidas en la misma área de tierra. En la siguiente figura, todas las matrices son sistemas agrícolas plausibles, y las soluciones pueden seleccionarse en base de las necesidades de la biodiversidad local y en el contexto de paisajes individuales. Las áreas heterogéneas con paisajes más diversos pueden ser más adecuadas para una agricultura amigable con la vida silvestre y de bajo rendimiento si no se pueden dejar intactas áreas de hábitat bastante grandes. Al mismo tiempo, las estrategias de preservación de tierras podrían ser más apropiadas para una matriz de grano más grueso con parches más grandes de hábitat viable. Balmford et al. también enfatizan la importancia de identificar especies «ganadoras» (aquellas cuyas poblaciones se benefician de vivir en tierras de cultivo) y especies «perdedoras» (aquellas que ocurren en densidades más bajas dentro de tierras de cultivo) para crear una matriz agroecológica en consecuencia que mejor se encuentran es las necesidades de la fauna objetiva.

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El futuro

Sin embargo, aunque sea muy necesario este tipo de planificación estratégica, por su falta todavía existe una gran necesidad de planificación e implementación de políticas a escalas regionales y nacionales para conciliar adecuadamente la intensificación de la producción ganadera con la necesidad de fomentar los servicios ecosistémicos, retener el hábitat intacto y conectado para la vida silvestre y proteger y restaurar las tierras nativas (Lerner et al 2017). En su mayoría, este tipo de planificación para un uso de la tierra y prácticas de ganadería más sostenible es necesaria en los trópicos, donde la expansión de las tierras agrícolas hacia el bosque tropical afectaría más el balance global de carbono y destruiría el hábitat de vida silvestre nativa. Aquí en la Península de Azuero, la gran mayoría de nuestro bosque seco tropical nativo se ha convertido en pastizal, pero eso de ninguna manera descarta la posibilidad de implementar el compartir de tierras, el ahorro de tierras o estrategias mixtas para mejorar la sostenibilidad de nuestro sector ganadero. Los impactos positivos del silvopastoreo ya fueron estudiados en Pedasí, y grupos como Pro Eco Azuero trabajan en el campo todos los días para reforestar estratégicamente los corredores ecológicos a lo largo de las tierras de pastoreo. Dado a la falta de hábitats grandes e intactos en la actualidad, es probable que Azuero sea más adecuado para prácticas de uso compartido de tierras como el silvopastoreo, pero reservar cantidades sustanciales de tierra para la restauración sigue siendo un objetivo importante. La intensificación sostenible, al igual que mejorar forrajes, la tecnología más eficiente, y otras prácticas pastorales de precisión deben ser implementadas con el fin de reducir las emisiones de GEI, el consumo de energía, y la conversión de tierras. Con los gobiernos locales y federales en gran parte ausentes de este tipo de planificación estratégica sostenible en Los Santos, probablemente dependerá de las organizaciones medioambientalistas llevar este tipo de cambio a la industria ganadera independiente de la península.

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La actual falta de iniciativa política es preocupante, pero una mayor conciencia sobre la rentabilidad y el valor ecológico a largo plazo de la intensificación sostenible brinda esperanza para el futuro, al menos en la industria ganadera independiente y en pequeña escala.

Una transición hacia un mayor uso compartido de tierras, el ahorro de tierras o enfoques integrados es fundamental para satisfacer de manera sostenible las necesidades alimentarias de una población mundial más exigente. Pero Clark y Tilman (2017) señalan que los cambios hacia prácticas agrícolas y ganaderas más ecológicas no tendrán tanto impacto en la reducción de las emisiones de GEI como un cambio en los hábitos alimentarios y la demanda de alimentos a escala mundial. Por lo tanto, por muy necesario que sea intensificar la producción de manera sostenible, debemos abordar el problema de la demanda desde el lado de la demanda. En lugar de simplemente reaccionar al aumento de la demanda con mayor productividad y control de daños ecológicos, debemos hacer todo lo posible para frenar la demanda de productos pecuarios a través de cambiar los hábitos alimentarios. Para nosotros que nos sentimos distantes e incapaces de ayudar, esto puede ser un llamado a la acción. Todos deberíamos intentar limitar la cantidad de carne de rumiante que consumimos para minimizar la demanda de productos pecuarios lo mejor que podamos.

Es un pequeño paso individualmente, pero existe una necesidad imperiosa de terminar la expansión de la industria ganadera impulsado por demanda en todo el mundo, y puede comenzar con el consumidor tanto como, si no más, que el productor.

Estrategias del uso de la tierra

Fuentes

  • Dibala, R., Jose, S., Gold, M. et al. Tree density effects on soil, herbage mass and nutritive value of understory Megathyrsus maximus in a seasonally dry tropical silvopasture in Panama. Agroforest Syst 95, 741–753 (2021). https://doi.org/10.1007/s10457-021-00628-4
  • Lerner, A.M., Zuluaga, A.F., Chará, J. et al. Sustainable Cattle Ranching in Practice: Moving from Theory to Planning in Colombia’s Livestock Sector. Environmental Management 60, 176–184 (2017). https://doi.org/10.1007/s00267-017-0902-8
  • Front Ecol Environ 2017; 15( 8): 450– 459, doi:10.1002/fee.1530
  • Balmford, Andrew & Green, Rhys & Phalan, Ben. (2015). Land for Food & Land for Nature?. Daedalus. 144. 57-75. 10.1162/DAED_a_00354.
  • Williams, DR, Alvarado, F, Green, RE, Manica, A, Phalan, B, Balmford, A. Land-use strategies to balance livestock production, biodiversity conservation and carbon storage in Yucatán, Mexico. Glob Change Biol. 2017; 23: 5260– 5272. https://doi.org/10.1111/gcb.13791
  • Michael Clark and David Tilman 2017 Environ. Res. Lett. 12 064016

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