¿Es 2021 el año del río? La importancia de la protección del agua dulce

Por Michael Salama

Los ecosistemas de agua dulce, si bien son algunas de las áreas más valiosas, biodiversas y amenazadas de nuestro planeta, a menudo son omitidos del ámbito de la conservación. Cubren menos del uno por ciento de la superficie de la Tierra, estos ecosistemas albergan alrededor del diez por ciento de todos los seres vivos y un tercio de todas las especies de vertebrados conocidas. Los terrenos inundables ribereños y los estuarios son los ecosistemas más productivos del mundo para las comunidades humanas. Pero aunque son fundamentales no solo para las vidas y los medios de subsistencia humanos, sino también para la mayoría de la vida en la Tierra, estos ecosistemas han sido sometidos a un estrés antropogénico intensamente destructivo en el último medio siglo. Las especies de agua dulce tienen un mayor riesgo de extinción que los taxones terrestres, y un tercio se enfrenta actualmente a la amenaza de extinción. Las poblaciones de fauna acuática continúan disminuyendo a medida que aumenta la dependencia humana de los ecosistemas de agua dulce, lo que representa una gran amenaza para la estabilidad política, social y económica, tanto como para la biodiversidad.

Con las iniciativas de conservación locales e internacionales más prominentes en las últimas décadas, ¿por qué se han sometido estos valiosos ecosistemas de manera desproporcionada a este tipo de degradación? Desafortunadamente, durante mucho tiempo la comunidad conservacionista ha pasado por alto la necesidad de especializar los mecanismos de protección para los ecosistemas fluviales y de agua dulce. Las áreas protegidas y otros métodos basados en áreas siguen siendo los enfoques más comunes para la conservación, centrándose casi exclusivamente en los ecosistemas terrestres y marinos. En el vecindario de Pedasí, por ejemplo, el Refugio de Vida Silvestre Pablo Arturo Barrios tiene como objetivo evitar la perturbación del ecosistema marino del Golfo de Panamá y los ecosistemas terrenos del bosque seco, dunas, y playa. A nivel mundial, menos de un tercio de los ríos tienen algún componente dentro de un área protegida, y solo uno de cada diez está completamente protegido. A menudo, se considera protegidos los cuerpos de agua dulce cuando la tierra que los rodea lo está, pero esa suposición no tiene en cuenta muchas de las amenazas únicas que pueden enfrentar los sistemas fluviales. La protección basada en áreas no evita que los ecosistemas de agua dulce sufran impactos río arriba como contaminantes, embalses, especies invasoras, sobrepesca y otras perturbaciones. En otras palabras, nada impide que las amenazas ingresen a un ecosistema fluvial fuera de un área protegida, y luego fluyen hacia adentro de los límites del área y alteren el equilibrio ecológico tanto en el agua como en la tierra. Más directamente, las áreas protegidas muchas veces no evitan que se realicen proyectos de embalses en ecosistemas fluviales dentro de sus límites; hasta la fecha, se han contabilizado más de 1200 represas dentro de áreas oficialmente protegidas. Ese número aumentará en 500 en los próximos veinte años.

Con toda la evidencia que apunta a la insuficiencia de la protección basada en áreas para la protección del agua dulce, necesitamos un cambio de perspectiva. En lugar de continuar siguiendo el falso mantra de que proteger la tierra alrededor de un río también protegerá el río tanto como la tierra, debemos dedicar atención, esfuerzos y recursos específicos a la protección duradera de los ecosistemas de agua dulce. Este cambio puede ser un desafío logístico, pero los estudios han demostrado que las recompensas sí se pueden lograr. La integración de las necesidades de los ecosistemas de agua dulce en los esquemas generales de protección puede conducir a un aumento de seis veces en los beneficios para las especies de agua dulce, mientras que solo disminuye los resultados terrestres en un 1% .

Afortunadamente, este cambio se ha comenzado el año pasado. Grandes voces conservacionistas como The Nature Conservancy y el World Wildlife Fund están reajustando sus enfoques para ser más conscientes de las necesidades de los ecosistemas de agua dulce, tanto que 2021 ha sido considerado como el «Año del río». Con un equipo de expertos de TNC, yo ayudé a desarrollar una infraestructura de política global para la protección duradera del agua dulce, de modo que los proyectos de conservación en todo el mundo puedan orientar sus esfuerzos hacia la evitación de amenazas de los ecosistemas de flujo libre. La estrategia de biodiversidad de la Unión Europea ha reconocido la necesidad de una política de conservación de agua dulce y ha aceptado el marco de TNC como un primer paso. La iniciativa Derechos de los Ríos (parte del movimiento Derechos de la Naturaleza) esencialmente alienta a los países que otorguen a los ríos derechos fundamentales y básicos como la conectividad hidrológica y la calidad sostenible del agua. Ha ganado impulso en todo el mundo, con más de 75 organizaciones participantes en la Cumbre de Biodiversidad de las Naciones Unidas y países como Estados Unidos, Colombia, Ecuador, Australia, Nueva Zelanda e India adoptando el movimiento. Por otra parte, naciones como China, que anteriormente habían ignorado la salud de sus cuencas hidrográficas, ahora también están comenzando a establecer protecciones federales.

Se necesita más de un “año del río” para corregir las deficiencias de siglos de desarrollo y perturbaciones antropogénicas, especialmente cuando los esfuerzos de conservación en general no han abordado estos problemas. Pero 2021 se llega como un punto de inflexión en términos de impulsar las necesidades de protección del agua dulce a la vanguardia de la conservación internacional. Es imperativo para el futuro de estos ecosistemas, y para el futuro de la dependencia humana de ellos, que los proyectos de protección concentren los recursos en identificar, evaluar y aliviar las amenazas a sus ecosistemas de agua dulce a escala. América Latina continúa desempeñando un papel de liderazgo clave en este proceso, ya que los países y las ONG están comenzando a integrar en las políticas más protección para sus paisajes de agua dulce altamente valiosos y alterados.

La iniciativa de reforestación de cuencas hidrográficas de Pro Eco Azuero es un gran ejemplo de esto. Estamos restaurando el bosque seco estratégicamente a lo largo de la cuenca del río Oria, retirando una zona de amortiguamiento ribereña de árboles para mejorar la calidad del agua. Este tipo de amortiguador evita la erosión excesiva de sedimentos y evita que la escorrentía agrícola contamine el río. La presencia de árboles por un corredor ribereño como este también es fundamental para el sustento de la biodiversidad en un río; la caída de materiales leñosas como lanas y troncos en los ríos crea zonas de alimentación y desove para los peces y otras formas de vida acuática, propagando el equilibrio de todo el ecosistema. Este equilibrio, y la salud general de los ecosistemas de agua dulce como ríos y manglares en Azuero, es clave para el futuro económico de la región. Las comunidades de Los Santos dependen en gran medida de la pesca para el sustento económico y nutricional, y muchas poblaciones de peces requieren ecosistemas intactos de agua dulce para los lugares de desove y reproducción. Mientras Pro Eco Azuero continúa el proceso de restauración y protección de los corredores ribereños de Los Santos, estamos luchando por la conservación de ecosistemas, vidas y medios de subsistencia de todo Panamá. Otras organizaciones en otros países deben hacer lo mismo para allanar el camino hacia un futuro más saludable, biodiverso, y verde.

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